Desarrollar un nuevo medicamento puede llevar entre 10 y 12 años y partir de más de 10.000 moléculas candidatas. Un proceso largo, complejo y lleno de incertidumbre que exige una visión estratégica a largo plazo por parte de todos los agentes del sistema.
En el encuentro organizado por EL PAÍS y Johnson & Johnson, expertos del ámbito sanitario reflexionaron sobre cómo dinamizar los recursos destinados a la innovación en un contexto marcado por el envejecimiento poblacional y el aumento de las enfermedades crónicas.
Desde la Fundación Weber, nuestro presidente Álvaro Hidalgo puso el foco en un mensaje clave: la riqueza de los países depende del capital físico, el capital humano y la innovación.
Invertir en salud incrementa directamente ese capital humano, al mejorar la capacidad de las personas para trabajar, pensar, crear y producir. Los países que apuestan por la sanidad no solo generan bienestar, sino que se convierten en economías más innovadoras, productivas y resilientes.
Esta visión se complementó con otras reflexiones relevantes del encuentro:
- La innovación terapéutica es esperanza y calidad de vida, especialmente para quienes conviven con enfermedades complejas, con un papel cada vez más activo de los pacientes desde las fases iniciales de la investigación.
- España es líder internacional en ensayos clínicos, especialmente en oncología, gracias a una estructura sólida, talento y capacidad científica que es imprescindible preservar.
- La inversión en innovación es, necesariamente, una apuesta a medio y largo plazo para garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario.
El reto es claro: el sistema debe avanzar al ritmo de la ciencia. Como se destacó en el debate, los próximos 10 años pueden ser más transformadores para la medicina que el último siglo.
